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  • ¿Cómo es el proceso de escritura de un libro?

    Hace unos días en una entrevista radial me preguntaron cómo era para mí un proceso de escritura. Por los temas que veníamos conversando con Malena, la locutora de Escritos en La Maja, enseguida respondí haciendo foco en las tareas concretas y visualizando los distintos momentos que había atravesado en la creación de mi último libro. Lo conté muy brevemente, casi a modo de punteo y, toda la tarde posterior a la entrevista, me quedaron dando vueltas en la cabeza esas escenas que había dedicado a la escritura del libro.

    Me parece interesante contarlo en profundidad y por eso escribo este artículo.

    Primero fueron notas: en un cuaderno, en un mail, en un archivo. Así, dispersas según los momentos en los que esas imágenes disparadoras habían surgido. Algunas eran ideas que habían salido de mi propia historia, otras de la imaginación y otras pescadas con un ejercicio de carnada.

    De a poco, de vez en cuando, iba desarrollando esas ideas. Extendí escenas, probé situaciones, descarté algunas, surgieron nuevas y así… los cuentos iban creciendo y convirtiéndose en páginas de word en mi computadora.

    Un día de otoño de 2018, en un taller de escritura al que asistía, nos dieron una consigna: pidieron que hiciéramos un índice tentativo de un libro de cuentos (para los que iban a escribir novela la consigna era otra). También debíamos hacer una síntesis de cada uno de esos cuentos (en dos o tres líneas) y tener una idea aproximada de qué era lo que unía a esos cuentos para que se volvieran miembros de un mismo libro.

    Ahí tuve una primera dificultad. Eran demasiados cuentos. Tuve que abandonar algunas ideas y dejarlas para un próximo proyecto. Pero me iba dando cuenta de cuáles iba a sacar a medida que escribía y no funcionaba. Sí, escribí muchas páginas que no están en la versión final.

    A mediados del 2018 hice el trabajo de corrección con Betina, una de mis maestras. Y después de varias idas y vueltas con correcciones y eso, di el libro por terminado, aunque sabía que había algunos cabos que aún estaban sueltos y no sabía cómo iba a resolverlos. Decidí dejar en reposo y ocuparme de otras cosas.

    Eran los comienzos de este 2019 me puse en contacto con Bernarda, mi maestra, la que me llevó de la mano del teatro a la escritura. La que me devolvió a este oficio que tanto amo y es escribir.

    Con ella hice un nuevo trabajo de corrección. Eliminé un cuento entero y escribí uno nuevo. A la mayoría de los otros les saqué fragmentos y les agregué otros. Ajusté comas, reorganicé oraciones, busqué sinónimos, cambié finales. A dos solo los cambié de lugar dentro del libro. Y así, sí. Me sentí lo suficientemente segura para darlo por terminado.

    El proceso de escritura de un libro es así, lleva tareas específicas que debemos realizar porque no se hacen solas. Y cada una de estas tareas concretas también de alguna manera nos mueve una fibra adentro.

    No es fácil asumir que un cuento es malo o no funciona con los demás. No es fácil tomar la decisión de eliminar tres páginas enteras de un cuento porque sabemos que nos llevó muchísimo trabajo. No es fácil cambiar un final y resignificar esa anécdota que nada tiene que ver ahora con lo que el cuento transmite. No es fácil optar por ponerle el nombre de un familiar a un personaje. No es fácil tomar la decisión de usar tal o cual palabra, de hacer la pausa antes o después de ese adjetivo, de poner ese cuento que querías al principio en el medio.

    Pero aunque no sea fácil es sumamente satisfactorio.

    Aunque siempre se pueda hacer un nuevo cambio llega el momento de darle cierre a ese proyecto. Algo adentro nos dice que es suficiente. Y quizá también, un nuevo libro esté pujando para que lo comencemos. Porque la creatividad es así, infinita. Pero nosotros no. Necesitamos que los procesos de escritura empiecen y terminen, como las historias que contamos. Porque somos seres finitos y en el fondo sabemos que cada uno de estos procesos creativos también significan un cambio de etapa, una transformación adentro, el paso del tiempo.