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  • El lujo de la inspiración

    Sobre la inspiración
    Foto de Timothy Greenfield-Sanders, vía TheCut

    Te sentís inspirada pero te llega mientras estás manejando, cambiando un pañal, en una reunión de trabajo, en el cumpleaños de tu sobrino, en la clase de yoga, en el medio de una actividad impostergable… ¿Qué hacer?

    Sentarse en la compu a esperar que venga la inspiración es un lujo que no todos podemos darnos. Hace poco, la tutora del libro de cuentos en el que estoy trabajando me insistió en que me armara una rutina de trabajo. Cuando le dije que tengo destinadas a escribir cuatro horas semanales, distribuidas entre lunes y jueves de 14 a 16, me respondió que no me diera el lujo de no sentirme inspirada.

    La idea de la inspiración como un lujo me parece simplemente brillante. De hecho, aunque las condiciones materiales de cada quien sean distintas, lo cierto es que encontrar un momento a solas, en tranquilidad, para esperar a que venga la musa y recién ahí ponerse a escribir y producir es un lujo que no todos se pueden dar. Sea cual sea tu rutina.

    Y para hablar un poco más de esto me gustaría contarte algo sobre las teorías de la creatividad. Hay una categorización que las divide entre irracionales y racionales. Las irracionales son aquellas que afirman que la creación tiene un origen divino, místico, extramundano. Las racionales son las que dicen que la creación es resultado del trabajo, del oficio, la técnica, la práctica y las horas dedicadas.

    En mi experiencia, en la creación de textos entran en juego ambas.

    La parte irracional no es muy manejable. Sí se puede entrenar la creatividad mediante ejercicios y actividades que se proponen aumentar la disponibilidad y la permeabilidad que tenemos a la aparición de ideas, la predisposición a la imaginación etcétera. Lo que quiero decir cuando digo que no es muy manejable es que es difícil decirle a las ideas que vengan los lunes y jueves de 14 a 16h.

    ¿Entonces? ¿Pierdo las ideas?

    Se dice que una vez, mientras manejaba, Tom Waits tuvo una idea para una canción y “le pidió” que viniera después o se fuera “a molestar a Leonard Cohen” (lo cuenta Elizabeth Gilbert en esta charla Ted). Es una posibilidad. Hoy día también lo es tomar una nota de voz con el celular y desarrollarla cuando tengas el tiempo para hacerlo. Convengamos que Tom Waits puede darse el lujo de decirle a una idea que se vaya a joder a otro y de esperar (casualmente podríamos traducir su nombre como Tom Espera) otro momento.

    Para quienes no podemos, ya sea por cuestiones materiales de existencia, porque necesitamos escribir algo por laburo, para el post del mes, para un deadline o lo que fuera, nos queda la otra parte: la racional. Sentarse y escribir, escribir y escribir hasta que te salgan callos en los dedos aunque sientas que lo que estés haciendo sea una porquería, una incoherencia, un disparate.

    Parece ser que Picasso dijo que no creía en las musas, pero que “si vienen, que te encuentren trabajando”. Yo creo que es un poco al revés: trabajá, para que las musas vayan a tu teclado como las moscas a la fruta. Leer, escribir, borrar, reescribir y volver a empezar el ciclo. Tiqui, tiqui, tiqui… Que al teclado se le borren las letras. Que saque chispas. Que se prenda fuego. Así vas a mejorar tu texto aunque la musa esté tomando sol en el Caribe y se haya olvidado de que tenía una cita con vos los lunes y jueves de 14 a 16h.

    Otra cosa que creo es que las ideas (y las imágenes disparadoras, las tramas, el plan de texto, los personajes, los argumentos y todos lo etcéteras que quepan en tu proyecto) se pueden ir trabajando cuando no estamos en el teclado. Mientras estás lavando los platos, cargando datos en una planilla, viajando en el subte, esperando que te atienda el teléfono Metrogas, en la cola del RapiPago o del banco, escuchando putear a tu jefe, haciendo tu clase de pilates, yoga, tai chi, natación o spinning. Hace algunos años, cuando trabajaba desde las siete de la mañana en un hotel como agente de reservas e iba a la facultad hasta las once de la noche, sufría por no encontrar momentos para escribir. En una sesión, mi psicóloga me dijo: “vos podés escribir mientras cargás los roomlists”. Y me di cuenta que eso hacía: cargaba listados de 300 suecos (los apellidos con más consonantes de la historia…) mientras en mi cabeza la imaginación hacía su laburo. Después, una hora en el teclado me rendía mucho más que si no hubiera hecho ese trabajo previo.

    La inspiración es un lujo.

    Esperar a sentirla es para pocos. Laburar en aquello que queremos crear tanto en nuestra imaginación como luego en el teclado es una manera de vencer los límites del tiempo y el espacio de nuestra existencia.